De escribir #1

Cuando era pre-puber viví en un pueblo del norte chico. Había una sola disco, y las películas llegaban con dos meses de retraso. Así que toda la juventú se entretenía haciendo nada o deporte.

En esos cortos años tomé clases de tenis, hice atletismo, danza contemporánea, basquet y fuí más la piscina de lo que he ido en toda mi vida.

Pero el deporte que más amé fue gimnasia rítmica.

Aún puedo girar un aro en mi pie, y lanzarlo en el aire varios metros para atraparlo con gracia. Además adquirí el gusto por el dolor en el musculos al estirarse. Para mí, ese tirón dulce aún significa progreso.

Y sólo pude obtener logros en ese deporte con la simple y bonita repetición. Todos los martes y jueves estiraba mis piernas hacia atrás, trataba de hacer la invertida más recta y trataba de lanzar el aro más alto hacia el techo del galpón. Usaba toda mi atención y quedaba enferma de cansada. Pero cada martes y jueves volvía. Y ya no era porque no había nada más qué hacer en aquella arenosa ciudad donde lo más ruidoso era el río.

Ya no soy la niña inquieta de 12 que escalaba cerros por simple diversión. Hoy mi mayor aventura es cazar pokemones con el susto de que me roben el celular.

Pero cero que hoy aun puedo hacer elongaciones. Pero mentales.

Puedo estirarme por dentro un poco, cada vez un poco más. Para hacer mi estructura interna más fuerte.

Si escribo o si dibujo, quizás odie lo que hago, como cuando chica odié nunca poder hacer split entero. Pero en el ejercicio recursivo de “hoy haré algo un poco más bonito que la vez anterior” creo que sólo así voy a ir mejorando.

Y de a poco las líneas me saldrán más precisas, las metaforas más floridas, los rostros más expresivos, los dialogos más creibles, los colores más armoniosos, y la belleza más transparente y luminosa.

Creo que siempre será dificil ver a los que “son mejores” que yo. Como cuando chica llegué a la casa a llorar escondida en el pecho de mi mamá porque en el campeonato regional habían niñas que hacían poses y piruetas que yo no hubiera podido ni soñar.

Si cuando chica me encariñé con el dolor de las elongaciones de piernas. Ahora debo aprender a disfrutar el dolor de las elongaciones mentales.

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